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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Zygmunt Bauman (1925-2017)
El otro: la incógnita de la ecuación social


José Gordon
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Gordon, José , "Zygmunt Bauman (1925-2017). El otro: la incógnita de la ecuación social" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://132.247.1.5/articulo.php?art=17615&publicacion=810&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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El pasado 9 de enero falleció en el Reino Unido el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman. El ensayista galardonado con el Premio Príncipe de Asturias en 2010 desarrolló el concepto de “modernidad líquida” para explicar la complejidad social, política y cultural de la segunda mitad del siglo XX y los tiempos que vivimos, como explica José Gordon, el autor de El cuaderno verde.

 

La vida de Zygmunt Bauman quedó marcada por el exilio, por una realidad líquida y cambiante que dejaba atrás las certezas de un mundo cuyos valores se desmoronaban y relativizaban. En septiembre de 1939 tuvo que huir de Polonia, su país natal, que había sido invadido por los nazis. Él había nacido en el seno de una familia judía no religiosa que vivía en la pobreza. En la Unión Soviética se enlistó en las filas del ejército polaco que combatió en el frente ruso. Bauman señala que en ese entonces soñaba con ser un físico. Sin embargo, ante la tragedia social que vivía se hizo una pregunta que alteraría su destino: “¿Debería perder el tiempo penetrando los misterios del Big Bang y de los hoyos negros?”. Su respuesta en esos días: “Había que dejar que los hoyos negros mantuvieran sus secretos por un rato. Primero estaba mi país en ruinas y el Big Bang de su resurrección”.

 

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Zygmunt Bauman
© Wikicommons

 

No obstante, la tentación de ser físico dejó una impronta en su percepción de la vida social. En el libro Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, plantea un postulado que tiene el sabor de la formulación de un matemático: “En todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación del otro”.

Bauman señala que eso es lo que hace que el amor sea impredecible, que parezca un capricho del destino. En ese marco, abre la paradoja de lo que implica relacionarse profundamente con otro: “Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instancia, dar libertad al ser: esa libertad que está encarnada en el Otro, el compañero en el amor”.

En medio de la realidad líquida, mutable e incierta ―que analizó en todas sus vertientes contradictorias― aparece una de las constantes que Bauman defenderá y explorará toda su vida: la posibilidad de elección y de relaciones duraderas. A ello apostó en su vida personal. En marzo de 1948, ya de regreso en Polonia, tuvo un encuentro azaroso con una mujer que estudiaba periodismo en la Academia de Ciencias Sociales de Varsovia. Ella se llamaba Janina Lewinson. No tuvo dudas. De acuerdo con el recuento de su hija Lydia, Janina había descubierto a su compañero del alma en un “apuesto capitán del ejército”, en un intelectual y comprometido comunista que le propuso matrimonio. Ella aceptó nueve días después. La relación sólo se rompió con la muerte de Janina el 29 de diciembre de 2009.

Zygmunt Bauman siempre vivió en medio del misterio que representa estar relacionado con otras personas. Agregó las incógnitas de su estremecedor entorno social a las incógnitas de la relación de pareja. En una conversación que sostiene con el sociólogo Keith Tester, Bauman expresa su extrañeza ante la irrupción de lo incontrolable en encuentros que parecen necesarios, que durarán toda una vida: “En algunas ocasiones, mientras tomábamos una bebida, realizaba con Janina un juego de imaginación: ¿Qué nos hubiera pasado a cualquiera de los dos sin la aparición de Hitler y de la guerra? Para empezar, probablemente nunca nos hubiéramos encontrado, pero si esto hubiera finalmente sucedido, difícilmente se nos habría permitido casarnos”.

El desciframiento o alumbramiento del tejido de las relaciones lo condujo a su trabajo como académico, como sociólogo, a investigar los riesgos y angustias de vivir juntos, y separados, en el líquido mundo moderno. Uno de los momentos clave en este itinerario se da cuando Bauman descubre la dimensión del horror que puede vivir otra persona y cómo, a pesar de los pesares, puede preservarse la búsqueda de otras posibilidades. Zygmunt no vivió de manera directa el Holocausto, pero su esposa sí. Ella escribió un libro, El invierno en la mañana, que le abrió a su pareja una perspectiva que sería fundamental para su prolífica obra. Escribe Janina: “Lo más cruel sobre la crueldad es que deshumaniza a sus víctimas antes de destruirlas. La más difícil de las luchas es permanecer humano en medio de condiciones inhumanas”.

Los escritos de Janina sobre esos años trágicos se caracterizaron por una luminosidad afirmadora de vida. Esas huellas serán notables en el libro de Zygmunt, Modernidad y Holocausto. Bauman ve de frente cómo el orden social conspira en la deshumanización, pero ―dice Keith Tester— en lugar de tomar la opción fácil de levantar las manos en desesperación por la inhumanidad apabullante, trata de recuperar las posibilidades morales de imaginar y elegir otros caminos.

Este trayecto estaría lleno de conflictos. Después de la guerra, Bauman fue profesor de filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia. Cuando en 1968 se recrudeció el antisemitismo y las purgas políticas del aparato de Estado, tuvo que abandonar Polonia junto con su familia. El pensamiento de Gramsci le permitió no renegar de lo que aprendió gracias al marxismo.

Si algo caracterizó a Bauman fue su mirada ecléctica, no convencional. Abrevaba de diferentes mundos y mapas de conocimiento. Él señalaba que nunca fue bueno en interpretar al pie de la letra los textos consagrados: “Eso me franqueaba el paso para ser admitido en cualquier escuela o camarilla. En la compañía de algo que ya estaba establecido, me sentía fuera de lugar. Sin embargo, eso me dio el tipo de libertad que no podía negociar a cambio de la comodidad de pertenecer: la libertad de abrevar de cualquier fuente que encontrara inspiradora, de acudir a todo lo que sintiera digno de recoger”.

Eso le permitió entender a la sociología fuera de los confines usuales. Bauman pensaba que la experiencia humana no tenía fronteras firmes entre lo social, lo político, lo económico o lo poético. Su erudición y memoria prodigiosas le permitían conectar los puntos entre todo tipo de mapas. En ello, le encuentro cercano a lo que otro gran escritor recientemente fallecido, Ricardo Piglia, llamaba El efecto Borges: una capacidad de asociar historias y relatos múltiples, de articular materiales diversos, de manejar fuentes plurales y establecer conexiones con materiales muy heterogéneos. Como con Borges, la erudición funciona como sintaxis que permite encadenar acontecimientos.

Bauman confirma esta ambición cuando le preguntan cuáles serían los libros que rescataría si tuviera que vivir en una isla desierta. No se trata de libros de sociología o economía. El autor de obras como Modernidad líquida y La globalización. Consecuencias humanas, menciona El hombre sin atributos de Robert Musil; La vida: instrucciones de uso, de Georges Perec; Ficciones, de Jorge Luis Borges y Las ciudades invisibles, de Italo Calvino.

Dice Bauman: “Estos libros ejemplifican todo lo que he aprendido a desear y a luchar ―en vano― por lograr: la amplitud de vistas, la familiaridad con todos los compartimentos de la riqueza del pensamiento, la noción de diversos rostros de la experiencia humana y la sensibilidad por posibilidades aún no descubiertas. Ahí está el estilo de pensamiento y de escritura en el cual quisiera tener maestría pero que no he alcanzado ni alcanzaré”.

Si se trata de elegir un solo relato, Bauman se queda con “El jardín de senderos que se bifurcan”, de Borges. Desde su punto de vista, este tipo de textos son más útiles que los libros convencionales de sociología ya que pueden capturar, en una forma que lo abraza todo, el flujo y los cabos abiertos de las vidas sociales de hombres y mujeres.

En los libros de Bauman aparecen por igual Milan Kundera y Franz Rosenzweig, Jean-Jacques Rousseau, Erich Fromm y Cornelius Castoriadis. Su mente trata de leer lo que nos pasa y traducirlo en textos que nos permitan valorar los problemas de nuestra cultura, de la sociedad de consumo, de la pobreza, de nuestros miedos, de nuestra ceguera moral, de las migraciones y los “residuos humanos”. Está atento para formular categorías que plantean las paradojas de la vida contemporánea: el turista y el vagabundo, la belleza y la humillación. Este último concepto proviene de Albert Camus. Dice Bauman: “Camus señala que hay belleza y que hay humillados. Cualquiera que sea la dificultad que represente la tarea que tenemos que hacer, nunca me gustaría ser infiel a ambos”.

Para que eso sea posible, Bauman no olvida otra incógnita en la ecuación de las relaciones sociales, que tiene que ver con una vulnerabilidad que se convierte en fortaleza: “Antes de que puedas reconocer al Otro como un problema que merece una atención respetuosa, primero debes cuestionarte a ti mismo y reconocer tu propia ambigüedad”.

En esa ambigüedad tenemos miedo a estar desprotegidos y miedo a quedar atados. Queremos relaciones libres, sin compromisos a largo plazo, que se convierten en relaciones de úsese y tírese. Paradójicamente, anota Bauman, con ello no dejamos que cristalicen los amores. Vivimos entre los placeres que promete la unión y los horrores del encierro.

Esto recuerda a Arthur Schopenhauer, quien lo ilustró con claridad meridiana en el dilema del erizo: en medio del frío, los erizos se reúnen para darse calor y entonces se hieren con sus espinas, y entonces se alejan y tienen nuevamente frío y se acercan…

En este contexto, en términos de parejas y de grupos sociales, la pregunta de Bauman es cómo relacionarnos, cómo vincularnos mediante el impulso a participar en la construcción de otras posibilidades. Esto conlleva riesgos, como dice este gran pensador, porque toda creación ignora cuál será su producto final. Sin embargo, al mismo tiempo, trata de no traicionar el impulso hacia la comunión. En ese equilibrio precario, Bauman construyó una vida en la que apostó por el amor como un espacio en donde aparecen, simultáneamente, el compromiso y la libertad.


   
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José Gordon

Nació en la Ciudad de México en 1953. Novelista, ensayista, traductor y periodista cultural. Fue conductor del Noticiario Cultural 9:30 y del suplemento literario Luz Verde, en Canal 22. Escribe la columna...


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