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NUEVA ÉPOCA NÚM. 156 FEBRERO 2017 ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493 REVISTA MENSUAL
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Juan Vicente Melo
La percepción musical del tiempo


Yanin Alcántara Tapia
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NUEVA ÉPOCA | NÚM 156| Febrero 2017| ISSN EN TRÁMITE CON NÚM. DE FOLIO 493

Alcántara Tapia, Yanin , "Juan Vicente Melo. La percepción musical del tiempo" [En línea]. Revista de la Universidad de México. Nueva época. Febrero 2017, No. 156 < http://132.247.1.5/articulo.php?publicacion=810&art=17621&sec=Art%C3%ADculos > [Consulta: Fecha en la que se consultó el artículo].

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Los relatos que componen el libro Los muros enemigos comparten ciertos aspectos que hacen de su lectura algo especial. Como si el autor hubiera deseado prolongar un mismo estado en sus lectores de principio a fin de la obra, sus personajes se encuentran todos anclados a un presente particular que le permite al lector mantener la noción de que existe una misma experiencia que atraviesa todo el libro y que afecta a todos sus personajes, una misma atmósfera que se propaga en cada situación. Esta coincidencia es meramente subjetiva, Juan Vicente Melo crea el lenguaje de un tiempo donde el pasado y el presente discurren de forma análoga en el espacio íntimo del ser humano; dicho de otro modo, se trata de una sola experiencia interior que los personajes comparten y los hace coincidir en tiempo y espacio: el tiempo del recuerdo que irrumpe en nuestra actualidad y que hace que nos derramemos, por un instante, fuera del presente; y en el espacio interior donde estos personajes se encuentran habitando su propia reserva de intimidad. Dice Carlos Castilla del Pino que: “El escenario íntimo posee la propiedad de ser observable sólo para el sujeto […] Lo íntimo puede decirse, no mostrarse”.1 Las historias que transitan a lo largo de Los muros enemigos parecieran ser el testimonio de un testigo que se encuentra indagando en esta zona invisible, esto es lo que Juan Vicente Melo nos muestra de sus personajes: su intimidad. Es un tipo de narración que atiende más al movimiento de las ideas que al suceder habitual del tiempo, es una voz que se expresa desde la misma conciencia en donde las ideas fluyen sin orden ni control. Aunado a esto, el lector a menudo se encontrará con referencias y léxico musicales que envuelven y determinan la noción de un mismo universo ficcional en el cual transitan estos personajes y sus respectivas historias.

 

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Juan Vicente Melo
© Universidad Veracruzana

 

A grandes rasgos, el libro se inclina más hacia el relato de un estado interior del ser que hacia una intensa sucesión de acontecimientos. El cuento que inaugura Los muros enemigos se titula “Música de cámara” y ha llamado mi atención justamente por tener esta característica musical explícita en la construcción del tiempo y el espacio.

El relato narra el curso del estado emocional de una mujer mientras contempla la lluvia desde la ventana de su habitación. Las primeras líneas siguen cuidadosamente, gota a gota, el inicio de la lluvia y a su vez, el inicio de aquel estado introspectivo en el cual la mujer se sumerge paulatinamente, a la par que la lluvia aumenta, seducida por la música monorrítmica del golpeteo de las gotas:

Una gota. Primero una sola gota: delgada, minúscula, incolora. Y en seguida un silencio largo como un encierro callado de años inmóviles. Y luego otra gota, otra, otra más, delgadas e incoloramente minúsculas, golpeando tan calladamente los cristales que apenas se pueden escuchar. Sonríe. La primera lluvia del año, lluvia fresca, monorrítmica, lluvia fina que parece lejana, soñada, inexistente; gotas delgadas que al unirse se vuelven azulosas. Sonríe nuevamente (esa sonrisa, la sonrisa casi olvidada). Mira los hilitos que descienden ―llorones y verticales― por el ventanal; mira los jeroglíficos, los dibujos fugaces, el pronto cansancio de las gotas, su pereza, su lento escurrir por los cristales, su camino sin caricias por los cristales. Mira y sonríe, estira los brazos, dilata las aletas de la nariz. Se siente feliz. Se asusta de poder sentirse feliz.2

Con este inicio el autor plantea ya un pacto de lectura basado en la introspección de su personaje. El sonido de la lluvia, su cadencia monorrítmica y apenas audible se traduce en el inicio de una pieza musical. Esta música impone su melodía callada para darle voz al pensamiento que surge de lo que percibe la protagonista. La música, como todos sabemos, es un efectivo modificador de nuestra personal manera de sentir el paso del tiempo, la música es capaz de arrancarnos fuera del presente hacia una zona de nuestra intimidad, promoviendo un estado de recogimiento o introspección, tal es la forma en que interpretamos la música, podemos atribuirle el significado más próximo a nuestro estado epistémico actual. El párrafo citado arriba, que es el inicio del cuento, permite divisar a una mujer en su cama, saliendo del letargo de la vida cotidiana gracias a la música de la lluvia, es un cambio de estado, una percepción del tiempo que no es ya la misma de antes; el autor se vale de medios muy poco convencionales para crear este ambiente, dado que el texto sugiere una experiencia que puede verse, oírse y sentirse al mismo tiempo como todo un conjunto y esto es gracias a que, con este empleo del lenguaje íntimo, crea una atmósfera impetuosa y suave como lo es la de la presencia de la lluvia que viene a establecer un cambio irrefrenable y muchas veces aliviador.

La música, dice el filósofo francés Vladimir Jankélévitch: “actúa sobre el hombre, sobre su sistema nervioso e incluso sobre sus funciones vitales. […] tal poder, que a veces ostentan indirectamente los colores y los poemas, es en la música particularmente inmediato, drástico e intempestivo.”3 Así, el cuento arranca con el inicio de la lluvia, de modo que el relato se enfoca en la duración de esta, de allí el título. La música de cámara se define por el hecho de que puede ser ejecutada en el ambiente “íntimo” de una habitación. He aquí la construcción del espacio íntimo; no ya soledad, sino intimidad, es una construcción de espacio y tiempo, dado que la música de la lluvia ha determinado un cambio radical, el mundo atrapado en los muros de su cuarto ha sido totalmente envuelto por la presencia musical de la lluvia, imposible de evadir e imposible de negar. El tiempo ha sido irremediablemente ocupado por el sonido de la lluvia. De modo que, con este inicio, el autor introduce intempestivamente la cadencia musical del curso narrativo. Aquella visualización del comienzo de la lluvia y el ritmo que adquiere el tiempo de la narración obedecen a la experiencia de la protagonista o, para decirlo de otro modo, a su particular respuesta profunda y emocional ante un momento de lluvia.

 

 

1  Carlos Castilla del Pino, “Teoría de la intimidad” en Revista de Occidente, números 182-183, julio-agosto de 1996, p. 19. [Regreso]

2  Juan Vicente Melo, “Música de cámara”, en Los muros enemigos, CONACULTA, México, 1992, p. 9. [Regreso]

3  Vladimir Jankélévitch, La música y lo inefable, Alpha Decay, Barcelona, 2005, p. 17. [Regreso]


   
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Yanin Alcántara Tapia

Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la FFyL de la UNAM), cursa la Maestría en Letras Mexicanas en el programa de Posgrado en Letras de la UNAM y es miembro del “Seminario de Escritura...


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